El chamamé goza de una salud envidiable gracias a una nueva camada de artistas que renueva el género sin perder su raíz. Jóvenes acordeonistas, cantautores y conjuntos exploran cruces con el rock, el pop y la música del mundo.
Esta generación dialoga con la herencia de referentes históricos —de Tránsito Cocomarola a Tarragó Ros y Teresa Parodi— y la proyecta hacia nuevos públicos a través de las plataformas digitales y los festivales.
El movimiento no se limita a Corrientes: en Chaco, Misiones y Formosa surgen propuestas que reafirman que el chamamé es un género contemporáneo, vivo y en expansión.
